domingo, 7 de septiembre de 2014

Un par de zapatos Sarkany

Entré a un local por un par de zapatos y me pareció increíble como algo tan simple y cotidiano para cualquiera, para mi. se volvía una gran aventura, era algo que no sólo no realizaba muy a menudo sino que realmente no terminaba de disfrutar. En ese sentido siempre me sentí una chica rara, me gusta la ropa, me gusta elegirla, mirarla pero nunca la llevo para mi y si la tengo tardo días en usarla, como si no me mereciera estar linda sin razón alguna, como si el solo pensarlo fuera una locura.
Observé varios pares de zapatos buscando un par que pudiera acompañar mi vida cotidiana, mis andanzas, un par que fuera compañero para las mañanas sin perder estilo para las tardes e incluso que pudieran hacerme sentir bien por la noche, sin embargo ese par sonaba tan perfecto que no era digno, ni de mis pies, ni de mis ritmos, ni de mis andanzas, entonces tenía que elegir algo feo, algo feo que combinara con todo lo feo de mi vida, y lo feo de mi.
Mientras me esperaban en un sillón, observé cada par, y dibujé en mi mente las mujeres que los llevaban, estereotipando lo lejos que estaba yo de acercarme a ellas; modelos, lindas, inteligentes, con una estima muy alta de la vida, con actitud, mujeres que rompen corazones, mujeres con pasos que no pueden tomarse a la ligera, mujeres decididas, de carácter rudo pero sin perder su delicadeza y seducción. Como deseaba ser parte de ese grupo, verme de ese modo, sin embargo en lugar de ayudarme comenzando por el par de zapatos elegí autodestruirme y sentirme indigna de llevar unos lindos zapatos, como si estuviera destinada a ser del equipo de betty la fea.
Salí del local enojada, no con el diseñador, no con los zapatos, no con la sociedad, ni siquiera con los estereotipos, enojada conmigo, sentía que tenía que cambiar algo para dejar de sentirme así, dejar de descuidarme, dejar de lastimarme y de encasillarme en un lugar que no me hace bien, sin embargo veía la barrera muy clara y no tenía modo de atravesarla.

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