miércoles, 10 de septiembre de 2014

La sinceridad mató al gato

La curiosidad no es tan mala 
¿Por qué debería serlo?
Aprendemos a cuestionar
tan rápido como a movernos en este mundo 
e inconcientemente asimilamos
que es el único modo de entender
el mundo que nos rodea, 
el que no llora no mama, 
y el que no pregunta, no encuentra;
ahora la sinceridad, esa sí que es un peligro, 
ya desde pequeños nos enseñan 
que hay que decir la verdad
sin embargo en paralelo aprendemos
que no siempre es ventajoso, 
y ahí nace la mentira, 
entre las primeras trampas de una criatura
para poder ganar a cualquier precio
o para poder tener la razón. 

Nadie te enseña donde está el límite, 
porque hacer las cosas bien y ser sincero tiene un precio, 
un precio muy alto que no simpre uno quiere pagar, 
y en noches como esta puteo mi esencia (para no perder costumbre)
me encantaría ser hipócrita, falsa, hueca y vacía. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario