miércoles, 17 de septiembre de 2014

Miércoles de resolución

Lo abracé más fuerte que en los últimos veinte años y por primera vez no tuve miedo de que fuera a abandonarme, este sí era un giro en la historia cíclica a la que estábamos acostumbrados. Bendito cambio. Sentí que esta vez estaba realmente conmigo, tenía su apoyo y su cooperación para poder construir algo juntos, esta relación no estaba perdida y aunque ya no pudiera acunarme en sus brazos como una niña, su ayuda en un momento tan crucial de mi vida me hizo sentir como si pudiera apaciguar los dolores del pasado para hacer mis vacíos mas amenos.
Mis temores ante una imagen masculina y mis cortas experiencias me habían enseñado que el dolor del abandono, o aún peor, el resentimiento de las heridas, podían llegar a destrozar el bienestar y la tranquilidad, incluso hacerme enloquecer ante el terror que me causaba la idea de cometer los mismos errores que mis progenitores, o que los suyos. El miedo a que cualquier hombre me abandonara porque no me sentía lo suficientemente buena para que alguien pudiera amarme, si ni siquiera mi imagen paterna estaba conmigo ¿Cómo iba a hacerlo alguien más? 
El ruido en mi cabeza se calmó, quizás era realmente él quien debía ayudarme en esta recaída, ya que con su contención paternal podía salvarme de toda esta perdición en la que yo sola había aprendido a resguardarme de los aspectos de mi vida con los que no quería convivir. 
Pero esta vez no me faltaba, él no me había abandonado y ni aunque los kilómetros nos separaran iba a romperse este nuevo hilo rojo que estábamos construyendo, esta vez estaba ahí mientras yo lo necesitaba y podía disponer de su apoyo porque él iba a quedarse. 
Yo valía la pena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario